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domingo, 11 de abril de 2010

Información para pacientes sobre la Cirrosis Hepática

¿Qué es la cirrosis hepática?

Se denomina cirrosis hepática al cuadro de lesiones en el hígado, que provoca que éste altere su estructura, se fibrose y forme nódulos de regeneración, afectando a la función hepática.

Por qué se produce?
En nuestro medio, más del 90% de los casos se producen por infección por los virus de la hepatitis B, C y/o por consumo excesivo de alcohol. Otras enfermedades que pueden provoca cirrosis hepática son:

Hepatitis autoinmune.
Trastornos metabólicos.
Enfermedades biliares.
Obstrucción del flujo venoso.
Drogas y tóxicos.
Enfermedades degenerativas.

Cuáles son sus síntomas?
La cirrosis hepática habitualmente presenta un período asintomático de duración variable que se denomina fase compensada de la enfermedad, ya que las células hepáticas no dañadas compensan con mayor actividad a las afectadas. El desarrollo de las complicaciones señala el inicio de la fase de enfermedad descompensada.

Durante la fase compensada, el 40% de los pacientes pueden presentar síntomas inespecíficos como astenia, anorexia, pérdida de peso o molestias en el hipocondrio derecho (En la parte anterior del abdomen, debajo de las costillas del lado derecho).

En la exploración física, se puede sospechar enfermedad hepática avanzada por la presencia de hepatomegalia (aumento del tamaño del hígado), esplenomegalia (aumento del tamaño del bazo), o por la presencia de lesiones cutáneas como las arañas vasculares, telangiectasias en los pómulos o enrojecimiento de las palmas de las manos.

¿Cómo se diagnostica?
La biopsia hepática es la prueba más importante para el diagnóstico de la cirrosis. También es posible el diagnóstico de la enfermedad a partir de una combinación de los síntomas clínicos, de los resultados analíticos y de la ecografía hepática:

Historia clínica: es necesario investigar antecedentes y hábitos de consumo de alcohol, los antecedentes de prácticas o factores de riesgo para la hepatitis crónica B y C (uso de drogas por vía parenteral, promiscuidad sexual, pareja sexual de enfermos de Hepatitis B o C); la existencia de tratamientos con fármacos, tratamientos de herbolarios y homeópatas y consumo de drogas; la presencia de otros síntomas, como el prurito en la mujer adulta, patología pulmonar o historia familiar de enfermedades hepáticas.
Análisis de sangre:para conocer si existe alteración en el número de células sanguíneas, marcadores de la función hepática, o de infecciones por los virus de la hepatitis B o C, entre otros.
Estudio de coagulación.
Ecografía abdominal: aporta datos sugerentes de lesiones en el hígado, signos de hipertensión portal y de las posibles complicaciones asociadas (ascitis, trombosis en la porta...) o patología biliar.
Biopsia hepática: puede ser decisiva en el diagnostico preciso de patologías infrecuentes, para conocer el estadío de las lesiones hepáticas y la gravedad de las mismas.
Otras: como la gastroscopia, el TAC abdominal, o el Eco-doppler para estudiar casos concretos o alguna de las complicaciones.

¿Cómo evoluciona?
La rapidez en la evolución de la cirrosis depende de la etiología, del buen seguimiento del tratamiento médico y de los hábitos y estilos de vida. La cirrosis hepática puede presentar en su evolución graves complicaciones como la aparición de ascitis, la hemorragia por varices esófago-gástricas, la encefalopatía hepática y el carcinoma hepatocelular.

¿Cómo se trata?

Medidas generales:
Medidas dietéticas: Es importante mantener una dieta alimentaria equilibrada. Los requerimientos nutricionales son similares a los de una persona normal, si bien en algunos casos puede recomendarse un mayor aporte de proteínas.
Medidas de régimen de vida: deben evitarse escrupulosamente las sustancias hepatotóxicas (drogas, algunos medicamentos y plantas medicinales, y el alcohol). Se recomienda ejercicio físico moderado.

Seguimiento del paciente con cirrosis compensada:
Los pacientes con cirrosis requieren ser controlados periódicamente, realizándo el seguimiento clínico, el control analítico (según la causa que ha provocado la cirrosis) y ecográfico. Requieren control por endoscopia las varices esofágicas para evitar hemorragias digestivas.
Medidas farmacológicas:
Los tratamientos farmacológicos dependen de la etiología de la cirrosis y pueden ser:
Para prevenir las varices esofágicas: se utilizan fármacos beta-bloqueantes. Cuando el tratamiento farmacológico no es posible, puede ser necesario el tratamiento físico por endoscopia dirigido a tratar las varices (escleroterapia o por ligadura por bandas).
Tratamiento específico según la etiología de la cirrosis:
Cirrosis por Hepatitis B o C: existen distintos fármacos, según el virus causal, indicados para el tratamiento de hepatitis crónica activa o cirrosis hepática con eficacia que varía según los tratamientos previos, el tipo de virus infectante y la tolerancia de los pacientes.
Cirrosis alcohólica: Abstinencia total de bebidas alcohólicas y prevención del síndrome de deprivación alcohólica usando benzodiacepinas de vida media o larga si son necesarias, y la administración de complejo vitamínico B, vitamina C y ácido fólico. En los casos en que esté indicado el trasplante hepático, se exige una abstinencia alcohólica mínima de 4 meses para mejorar la función hepática, y valorar la adherencia permanente del paciente al tratamiento tras el trasplante.
En el resto de las etiologías, el tratamiento médico va dirigido específicamente a los factores metabólicos o funcionales causales (acúmulo de hierro o de cobre, reducir la inflamación o la fibrosis) y enlentecer la evolución.

Trasplante hepático:
Indicado en pacientes en situaciones de descompensación y en el paciente con signos de insuficiencia hepática avanzada; insuficiencia renal y/o trastorno hemodinámico grave. Cuanto mejor es el estado general del paciente cuando se realiza el trasplante, mayor es la supervivencia durante el post-operatorio inmediato.

Fuente Fisterra salud

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